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Amnesia

Amnesia

Freddy Pérez Cabrera

Aquel caballero, algo encorvado y de lento caminar, bajó lentamente las escaleras del que había sido su centro de labor durante más de treinta años. Cada escalón le resultaba una eternidad. Tal parecía que sus piernas se resistían a abandonar el lugar donde había dejado parte de su vida.

Bajo el brazo izquierdo llevaba su abultado expediente laboral, el cual recogía una rica historia de trabajo y sacrificios, que solo él conocía en toda su dimensión.

A su paso, pocos detallaron en la tristeza que lo embargaba. Solo la recepcionista, compañera excepcional de aquella historia viviente, logró reparar en el dolor de su amigo.

Ese día hubo algunas flores de regalo, unos traguitos de un vino casero traído por alguien y unas décimas de despedida; suficientes para contentar a quien entraba en la etapa de jubilación.

A la semana de abandonar el centro recibió una llamada del director para saber como se sentía. Un mes después, ya no fue el jefe, si no la secretaria quien timbró con igual intención, y al cabo de los tres meses lo sorprendió la voz de la compañera que está a frente del sindicato para informarle que no podría entregarle esta vez el estímulo de fin de año, debido a las limitaciones materiales de la entidad. Era el principio del fin de la relación.

La situación narrada, aunque resulte paradójica, constituye una realidad latente en muchísimos lugares. La amnesia o tendencia a olvidar a las personas que concluyen su vida laboral, resulta una manifestación de desagradecimiento que no tiene cabida en una sociedad como la nuestra.

En ningún caso, las limitaciones materiales pueden constituir una justificación para dar la espalda a quien durante tanto tiempo sirvió, y que ahora, por razones de salud, edad o invalidez, no pueden continuar trabajando.

No cuesta mucho mantener los vínculos con dichas personas. Una carta de reconocimiento en el aniversario de la institución, una invitación a las actividades por el día en que el gremio celebre su fecha o la simple visita o llamada telefónica pueden constituir opciones para mantenerse unidos.

Triste, muy triste para los jubilados debe ser sentirse usados durante cierto tiempo y ahora abandonados como si fueran un objeto inservible. Claro no son todos los que así actúan. Ejemplos hay de administraciones que no olvidan a quienes forman parte de su historia. Esas excepciones debían constituir la regla.

En ese sentido, puedo poner el ejemplo de los compañeros del MININT en Villa Clara, quienes años tras año invitan a los jubilados de Tránsito a participar en las actividades organizadas como parte de su jornada nacional, en cuya iniciativa desempeña un importante papel el  Coronel Heriberto López.     

Da gusto ver la alegría en el rostro de los retirados. Ver el abrazo entre antiguos compañeros, contemplar como comparten aquellos instantes de placer o de dolor y esas anécdotas inolvidables que los hermanaron para siempre.

Iniciativas como esa cuestan muy poco y aportan mucho. Solo se necesita de un poco de voluntad para concretarlas. Como dijera nuestro Héroe Nacional, José  Martí, “todo el que sirvió es sagrado, aunque se haya equivocado o empequeñecido”, una frase que, aunque dicha en otro momento, bien pudiera trasladarse a nuestro contexto actual y darle vida.  

 

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1 comentario

Arnaldo ochoa -

Que asco..CHIVATON.LLENATE DE COJONES.Y CRITICA LA MIERDA QUE HAN ECHO DE CUBA ESTOS BURGUESES HIJOS DE PUTA..ABAJO EL IMPERIALISMO COMUNISTA..VIVA CUBA LIBRE..
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